28 de abril de 2010

El Salto del Cabrero en primavera

Salto del CabreroRecientemente, Paco Solano ha realizado la ruta del Salto del Cabrero partiendo del sendero del Ojo del Moro, en las cercanías de Benaocaz, ascendiendo por el interior del desfiladero. Esta ruta ya la habíamos descrito en este blog anteriormente.

PeoníaEs primavera en la Sierra de Cádiz y ello nos ha permitido disfrutar de la belleza de las peonías o rosas silvestres en flor, como pueden apreciar en la galería gráfica. [Fotos: Paco Solano]




Ver Salto del Cabrero en un mapa más grande

Para mayor información sobre ésta y otras rutas, contactar con Paco Solano en el teléfono 645 169 546

15 de abril de 2010

Travesía Ronda-Villaluenga del Rosario

Texto y fotografías: Antonio Morales Benítez

El pasado 3 de abril de 2010 un grupo de senderistas ubriqueños, algunos de ellos miembros de la Asociación Cultural y Deportiva Tercera Escuadra, completó la travesía entre las localidades de Ronda (Málaga) y Villaluenga del Rosario (Cádiz), de unos 30 kilómetros.

Mapa de la travesía Ronda-Villaluenga (clic para ampliar)
[Fuente: Instituto de Cartografía de Andalucía]

La ruta consta de un primer tramo que, bordeando a veces el tajo de la ciudad rondeña, desciende hacia La Indiana en busca de del paso que permite atravesar la línea ferroviaria. Enlazamos en ese punto con el denominado Camino Viejo de Ronda que conduce a Montejaque. Este sendero, siempre en ascenso, hoy ha sido señalizado como GR-7, pero se trata en realidad de un antiguo camino utilizado por los "cosarios" de toda la Serranía para llevar y traer todo tipo de encargos y mensajes entre sus poblaciones de origen y Ronda. Nos enfrentamos aquí con una exigente subida de unos 4 kilómetros a través de unas tierras que en otros tiempos fueron grandes productoras de trigo y que se reflejan hoy en algunos grandes cortijos abandonados. Después de abandonar estos campos de cereales nos adentramos en otros de olivos y vegetales como esparragueras y matorral. Coronados estos cerros, si volvemos la vista atrás podemos contemplar una panorámica de Ronda. Después de llanear un rato, nos encontramos con la ermita de la Virgen de la Escarigüela pero nuestros pasos nos llevan a un nuevo camino empedrado en forma de zigzag y a una hermosa visión de Montejaque (Málaga).

La travesía urbana por esta localidad, convertida hoy en un importante centro de turismo rural y meca de la espeleología andaluza por su cercanía a los llanos y las simas del Macizo de Líbar, debe desembocar en la calle Tajo, en la parte alta del pueblo. Allí hay que tomar un carril, otra vez en ascenso, flanqueado por enormes pedregales y espectaculares formaciones calizas y en cuyos escasos claros pastorean ovejas y cabras. Después de unos 4 kilómetros nos encontramos con un paisaje de encinas y grandes llanos rodeados de montañas calizas. Se trata de unos valles alargados a unos 1.000 metros de altitud, situados entre la Sierra de Grazalema y el río Guadiaro, y conocidos como los Llanos de Líbar, rellenos de material producto de la erosión donde la principal actividad sigue siendo la ganadera. Entre unos y otros se encuentran bosques de encinas, alcornoques, quejigos y castaños. En los últimos llanos, sin duda los más imponentes, se sitúan el cortijo-refugio de Líbar y un abrevadero para el ganado. Y se nos presenta como un espacio encajonado entre montañas y casi secuestrado del mundo. Dentro de este paisaje la sensación de aislamiento es absoluta. Los arroyos aquí no tienen salida y son absorbidos por los sumideros y las grandes simas.

La salida natural para nosotros tiene que ser a través de un sendero que discurre paralelo a una alambrada y que nos conduce hasta el puerto del Correo, donde una angarilla nos permite atravesar una pared de piedra. En ese punto, donde se sitúan los límites entre las provincias de Cádiz y Málaga, recuperamos la señalización del GR-7. Se trata sin duda del tramo más accidentado por lo abrupto de un terreno de escarpes y pronunciados desniveles. Desde esas alturas se puede tener una panorámica general de las sierras del Caíllo y del Endrinal, así como de los Llanos del Republicano, hacia donde nos dirigimos, con nuevos arroyos buscando sumideros de agua que sólo se traga la tierra. Pero antes de llegar a nuestro destino tenemos que ascender por otro bosque de encinas, alcornoques y quejigos.

Finalmente, la visión en la lejanía de Villaluenga del Rosario (Cádiz) se percibe como un premio por lo que supone de superación de un reto. Si además el punto de llegada coincide con la feria del queso payoyo, uno de los indiscutibles atractivos de la localidad, la recompensa tiene que ser doble.

6 de febrero de 2010

Sierra Alta, por J.M. Benítez Ariza

La Sierra Alta se alza frente al casco urbano de Benaocaz, bordeada por la carretera de Ubrique.

El escritor gaditano José Manuel Benítez Ariza ha publicado recientemente en su blog Columna de Humo el relato de una excursión por la Sierra Alta de Benaocaz. Gracias a su gentileza, ofrecemos este sugerente texto a nuestros lectores, narrando el recorrido por una de las zonas más desconocidas de nuestra serranía. [Fotos: Alejandro Pérez Ordóñez]

Dejamos el coche a comienzos del mismo carril que otras veces hemos tomado para llegar al mirador que llaman Ojo del Moro. Pero, en vez de seguir esa dirección, nos hemos adentrado en un prado que se extiende a la derecha del camino, y atravesado una cancela por la que se accede a la lengua de terreno que rodea el cerro.

Es un terreno áspero, sembrado de piedras que deben de haber caído rodando del propio monte; aunque los mismos elementos que las han empujado deben de ser los responsables de haber depositado entre las mismas esta esponjosa tierra negra, entreverada de estiércol, en la que parece un crimen que nadie haya sembrado nada: tal vez no han querido molestarse en quitar las piedras; o tal vez, simplemente, la franja está tan pegada al monte que sólo recibe unas escasas horas de luz al día, y ésta muy tamizada por las frondosas encinas que también crecen allí. Lo que no parece impedimento, en todo caso, para que abunde el tomillo, el hinojo, las esparragueras.

Avanzamos por este terreno complicado, ya con las botas embarradas. La tierra va disminuyendo y las piedras poco a poco van confluyendo en una especie de calzada ascendente. Estamos, todo hay que decirlo, en lo que desde la carretera no es más que uno de los muchos cerros que la obligan a adoptar su característico trazado sinuoso. Pero el paisaje no es el mismo visto desde la ventanilla del coche, donde no es más que una sucesión de estampas sin relieve, que con los pies en tierra. Vamos subiendo sin esfuerzo, aunque M.A., que le tiene algún respeto a las alturas, teme en algún momento que la pueda paralizar el vértigo si el camino se vuelve más expuesto. J.A.M., nuestro guía, asegura que no hay peligro. Sin embargo, señala una encina que brota de las peñas a unos diez o doce metros por encima de nuestras cabezas, y dice que hay que subir hasta ahí. Desde donde estamos no se ve el más mínimo resquicio que parezca insinuar un camino practicable. Sin embargo, lo hay: el sendero traza una especie de doble ese que, en pocos minutos, nos sitúa en lo que parecía un punto inalcanzable. Es lo que más sorprende del campo abierto: su condición de trampantojo, su capacidad de multiplicarse, de hacer surgir de la nada tantos mundos ocultos como cambios de perspectiva va deparando al paseante la cambiante orografía. Lo que es, también, su mayor peligro: esos mundos multiplicados empiezan pronto a parecerse los unos a los otros, y es fácil confundirlos y perderse en ellos. Ya nos pasó una vez.

Sierra Alta desde el pueblo de Benaocaz.

Como para no desmentir esas aprensiones, apenas sobrepasada la encina descubrimos un paisaje que tópicamente podríamos describir como "lunar", si en la luna existiera la poderosa mecánica que moldea la piedra caliza para formar estos abrigos rocosos, estas sorprendentes chimeneas hechas de bloques cuarteados, esta sucesión de crestas que parecen evocar ruinas de castillos o trazados de ciudades perdidas. Discurrimos, por ejemplo, por un recinto que llamamos "la casa", porque al conjunto se accede por una verdadera puerta hecha de piedras en precarísimo equilibrio. Las estancias de "la casa" se suceden unas a otras, a cual más espaciosa y soleada. A poco que uno se molestara en techarla, podría vivirse en ella, y hasta utilizar los huecos de las piedras, limpios y secos, como alacenas o estanterías.

Un poco más adelante, descubrimos una abertura alargada en el suelo. Nos asomamos: no se le ve el fondo. Si alguien cayese en ella, jamás encontrarían su cuerpo. Por eso mismo, nos da por pensar que, en tiempos más conflictivos, más de uno acabaría sus días en ese agujero insondable... Caminamos ahora por una llanura irregular, salpicada de matas de tojo. Los conejos, nos dice J.A.M., gustaban de excavar sus madrigueras al abrigo de estas plantas espinosas. Ya no los hay, por cierto: los exterminó la mixomatosis hace apenas unos lustros. Lo que sí hay son vacas: no echan cuenta de nosotros, y sólo levantan la cabeza amenazadoramente cuando, en nuestro discurrir, interrumpimos la siesta de un ternero, que salta inesperadamente de la pequeña depresión en la que se solazaba y corre a refugiarse tras su madre.

Volvemos, porque no parece que pudiéramos abarcar más en lo que habíamos pensado como un simple paseo de dos horas. Ha sido nuestra primera impresión del paraje que llaman Sierra Alta -o Baja, nos dice J.A.M., porque todo depende de desde dónde se mire-. Y es que, si algún efecto tienen estos paseos sobre el ánimo de uno, es el moderado relativismo que infunden en su modo de mirar las cosas. Un relativismo que, paradójicamente, tiende también a confirmar algunas de las pocas convicciones absolutas que uno tiene.

La Sierra Alta (a la izquierda en la imagen) desde Ubrique, en una nevada en enero de 2006.

Leer el artículo original de José Manuel Benítez Ariza en su blog Columna de Humo



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11 de enero de 2010

El Pinsapar de Grazalema


Por Antonio Morales Benítez (texto y fotografías)

Todo un clásico del senderismo andaluz para comenzar el año. El Pinsapar de Grazalema. Un recorrido de unos 12 kilómetros a través de un sendero que desde tiempo inmemorial han utilizado los habitantes de la zona para unir esta población con la aldea de Benamahoma. Partimos desde unas canteras situadas en la carretera que sube al Puerto de las Palomas. El camino comienza con un fuerte ascenso entre pinares de repoblación que nos lleva hasta el Puerto de las Cumbres, situado a más de 1.200 metros. Desde allí podemos ver, a un lado, Grazalema y la presa del Fresnillo, y al otro, la vertiente norte de la Sierra del Pinar con las cotas más altas de la provincia gaditana, como el Pico San Cristóbal y El Torreón (1.659 metros). Desde allí iniciamos un tramo sin grandes desniveles para adentrarnos, siempre en bajada, por la umbría de la Sierra con su bosque de Pinsapos. El microclima de este bosque, denso, sombrío y húmedo, ha permitido el desarrollo del único abeto andaluz que define el paisaje de estas montañas. En ocasiones tendremos que sortear troncos de árboles caídos para abrirnos camino porque el hombre ha decidido no intervenir apenas para mantener la zona en su estado natural, y se comprende que este bosque, declarado reserva de la Biosfera, goce de la máxima protección y aún que se limiten las visitas. Cuando se llega al Puerto del Pinar el sendero se convierte en pista forestal para conducirnos a Benamahoma.


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9 de diciembre de 2009

La Calzada Romana



Durante el pasado puente de la Inmaculada, Alejandro Pérez y Esther Carrero han tenido ocasión de realizar el popular sendero de la "Calzada Romana" entre Ubrique y Benaocaz. Se trata de una ruta de baja dificultad y bastante accesible, ya que transcurre entre dos núcleos urbanos. La distancia total ronda los cuatro kilómetros (se puede hacer en aproximadamente una hora) y tiene una pendiente moderada y bastante uniforme durante la mayor parte del camino. Es un camino que ha formado parte de la red de comunicaciones de la Sierra de Cádiz desde la Antigüedad. Constituyó un tramo de la calzada que en época romana unía las ciudades de Carteia (San Roque, Cádiz) y Astigi (Écija, Sevilla), y durante la Edad Media se amplió con diversos ramales para comunicar las poblaciones de la zona, habiendo sido mantenida hasta la aparición de las actuales carreteras en el siglo XX. La calzada cuenta con un pavimento de piedra caliza local delimitado por sendas cunetas para evacuación de aguas pluviales, en ocasiones muy bien conservadas. Algunos arroyos son salvados por tres alcantarillas o pequeños puentes. Quien desee ampliar la información histórica y arqueológica sobre esta vía puede consultar la publicación Calzada romano-medieval Ubrique-Benaocaz, realizada por miembros de la asociación Papeles de Historia.


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El primer tramo desde Ubrique, que comienza en las inmediaciones del Convento de Capuchinos, actual sede del Museo de la Piel, se encuentra bastante degradado por aportes de escombros y tierras para facilitar el paso de vehículos. A unos 800 metros, una señalización con un mapa del sendero marca el punto en que comienzan a apreciarse mejor las características históricas de la calzada. Más arriba, superada la mitad del trayecto, pasaremos junto a la Cabeza del Toro. Se trata de una cabeza bovina pintada sobre una pared rocosa, en la que el ancestral enfrentamiento entre Ubrique y Benaocaz se materializa de forma simbólica en la tradición de arrojar piedras sobre el grafito, de legendarios orígenes. Continuando nuestro ascenso, llegaremos a una bifurcación de la calzada, en los Llanos del Peñón Gordo. El ramal derecho continúa en dirección a la Manga de Villaluenga, pero nosotros deberemos tomar el izquierdo para dirigirnos hacia Benaocaz. En las inmediaciones de un molino sobre el Arroyo Seco (aguas abajo será el río Ubrique), que cruzaremos sobre un airoso y sencillo puente, el camino se estrechará y se hará algo más empinado en las últimas rampas antes de acceder a Benaocaz, punto final de nuestra ruta donde podremos reponer fuerzas antes de emprender la vuelta. [Fotos: Esther Carrero Fernández]









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3 de diciembre de 2009

Llanos del Republicano y Puerto del Correo




Antonio Morales Benítez ha realizado a finales de noviembre esta ruta, acompañado por casi una treintena de miembros de la familia Benítez que han celebrado su encuentro anual. Nos ofrece aquí su comentario y fotografías para que todos podamos disfrutarla. Esperamos que muchos de nuestros lectores se animen a realizarla.


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Los Llanos del Republicano se encuentran en un valle situado entre Villaluenga del Rosario -el municipio que tiene mayor altitud de la provincia de Cádiz- y la Sierra de Líbar, y desde allí, a través de puerto del Correo, se accede a los Llanos del Líbar, ya en Málaga. Se trata de una de las zonas más montañosas de la provincia gaditana. La ruta, que parte de la piscina municipal, está perfectamente señalizada ya que discurre en parte dentro del camino europeo denominado GR-7, que conecta Tarifa con Atenas, y que atraviesa el Parque Natural de los Arcornocales y el de la Sierra de Grazalema. En un primer tramo, de una suave bajada, la ruta está flanqueada por alcornoques, quejigos y encinas, hasta que vemos unos enormes llanos con la Sierra al fondo. En esa dirección, y tras atravesar unos pastos, se toma una senda de fuerte subida en forma de zigzag, y que desde tiempos inmemoriales ha unido estas poblaciones con Ronda, en medio de paredes rocosas. Poco a poco vamos alcanzando altura para movernos siempre por encima de los 1.000 metros y disfrutar mirando hacia atrás de las vistas sobre las sierras del Caíllo y del Endrinal en medio de un paisaje abrupto y espectacular por sus abundantes escarpes rocosos, fuertes pendientes y bloques de caliza enormes. Tras llanear un rato otra subida nos lleva al Puerto del Correo para adentramos en la provincia de Málaga y tener una primera visión de los Llanos de Líbar, encajonados entre montañas y casi secuestrados del mundo, con sus dehesas y prados arbolados. [Texto y fotografías: Antonio Morales Benítez]










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30 de noviembre de 2009

Ruta Grazalema-Simancón-Charca Verde-Fardela-Benaocaz



En nuestro sendero de hoy disfrutaremos con la culminación del segundo punto más alto de la provincia gaditana: el Simancón (1569 m). Paco Solano y José Francisco Canto han realizado esta ruta para poder mostrarla aquí a nuestros seguidores.


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Comenzamos en el camping de Grazalema, desde donde accedemos a la vereda de la Cañada de Mahón, ascendiendo entre un pinar que nos conducirá al Puerto del Endrinal. En esta subida paralela al Peñón Gordo o Peñón Grande veremos una gran variedad de plantas: peonías, níscalos, orquídeas, espinos majoletos. Entre la fauna que podremos observar están las cabras montesas, mirlos y rapaces como nuestros omnipresentes buitres leonados.

Estas primeras cuestas se nos hacen livianas al contemplar las primeras vistas, descubriendo en el horizonte los cascos urbanos de Olvera y Montecorto. La bajada tras el puerto nos conduce al Llano del Endrinal. Lo rodearemos por su parte izquierda, para enlazar con las primeras rampas del Simancón. Estará omnipresente el Pico de San Cristóbal, vigilante de las subidas de los senderistas. Alcanzaremos a ver más localidades, como la sevillana de Pruna.

En los últimos "repechos" antes de acceder a la cumbre, llegaremos a una llanura de piornos, pandejos y cojines de monja. Aquí acometemos el final, mirando la cima de frente la atacaremos siempre con una ligera tendencia hacia la derecha. La prudencia será nuestra virtud en este último tramo, dado lo escabroso y la cantidad de piedras sueltas del terreno que transitamos. Las vistas invitan a la reflexión, haciendo un giro de 180 grados y vislumbrando partes de las tres provincias andaluzas de Cádiz, Sevilla y Málaga. Crestearemos con mucho cuidado por el fuerte viento que suele acompañar este tramo de bajada, que nos puede desequilibrar en cualquier momento. Rápidamente estamos en el Reloj (1535 m), el pico gemelo del Simancón, de altitud ligeramente inferior. A nuestros pies veremos, diminuta, la Charca Verde. También disfrutaremos una amplia panorámica de los Llanos de Villaluenga o del Republicano, y vistas como el Tajo de Ronda y esta ciudad monumental.

Para la bajada hacia la Charca Verde aconsejamos usar dos bastones que nos ayudarán aligerando el esfuerzo de nuestras rodillas, pues el terreno se vuelve caprichoso y muy dificultoso. La Charca Verde es uno de los lugares que nos invita a hacer un descanso en nuestra ruta antes de buscar el Valle de Fardela. Aquí pudimos observar a los rebaños de ovejas abrevar en la charca.

Dejando a nuestra espalda los colosos gemelos del Reloj y el Simancón, la dirección correcta que deberemos tomar será la derecha. En varias subidas y bajadas sucesivas, transitaremos por veredas que están siempre indicadas por grupos de piedras superpuestas colocadas por los senderistas. Recomendamos colaborar en el mantenimiento de estos hitos para que los que nos sucedan en esta travesía mantengan su orientación correcta. Antes de contemplar por primera vez Fardela, el camino se abre y se transforma en una sucesión de valles preciosos donde pastan las ovejas y ganado del lugar.

Con el Valle de Fardela a nuestros pies y la majestuosidad de las encinas centenarias, buscamos el caserío y la fuente de los Nueve Pilones, magnífica por su agua fresca con la que podremos saciar nuestra sed. Buscamos el pueblo de Benaocaz con la puesta de sol. Al frente, tendremos la Sierra de la Silla, a la izquierda el Cao o Navazo Alto, la Sierra del Endrinal, y muy cerca ya frente a nosotros, Benaocaz.

Recomendaciones:

- Llevar material apropiado.
- Dejar las cancelas cerradas y respetar las alambradas.
- Respetar flora fauna y no arrojar residuos de ningún tipo.
- El silencio nos mostrará la grandeza del entorno donde estamos (hacer el mínimo ruido).
- Consultar siempre las previsiones del tiempo antes de planificar nuestra ruta.
- La compañía de alguien que conozca el entorno es siempre aconsejable.

[Fotos: Paco Solano y José Francisco Canto]

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