27 de enero de 2015

Senderistas ubriqueños por el mundo: La Alpujarra, de Yegen a Yátor por el 'reino morisco' de Montenegro

El Golco y Mecina Bombarón vistos desde Montenegro.

Texto y fotografías de Alejandro Pérez Ordóñez
Que la Alpujarra es una tierra legendaria y magnética es algo en lo que coincidirán muchas personas, incluso quienes no la han llegado a pisar aún. Pero también muchos sabrán que es una comarca montañosa de gran extensión entre cuyos límites se concentran numerosos kilómetros de senderos de pequeño y gran recorrido, destacando especialmente el trazado del GR-7, de Tarifa a Atenas, que también cruza la Sierra de Cádiz y el término municipal ubriqueño, entrando por la Cañada de Jimena y saliendo por la Calzada de Benaocaz. Este año 2015 fue estrenado por cuatro senderistas, Alejandro Pérez Ordóñez, Esther Carrero Fernández, Pablo Pardal Redondo y Ana García Leal, en las laderas meridionales de Sierra Nevada, realizando uno de los múltiples itinerarios que nos ofrecen los pueblos alpujarreños. La opción elegida fue el camino histórico que comunica los de Yegen y Yátor, en la provincia granadina.

Se trata de cuatro kilómetros, dos de ellos coincidentes con el citado sendero europeo de largo recorrido GR-7. Nuestro “campamento base” estaba en el pueblo de Yátor, en el fondo de un valle recorrido por el río del mismo nombre, de modo que hicimos la subida hasta Yegen y vuelta posterior desandando el camino, pero en el reportaje fotográfico se ha seleccionado solamente el sentido descendente. Así, comenzamos la descripción en Yegen, pueblo que se hizo especialmente famoso por ser el lugar de residencia del hispanista británico Gerald Brenan, todavía recordado por los yegeros como “Don Geraldo”. La memoria del autor del exitoso libro Al Sur de Granada estará muy presente en nuestra visita a la localidad y el paseo por estos parajes. En Yegen tendremos que buscar el Barrio Bajo, de los dos en los que se divide la localidad, con la iglesia entre ambos, como es típico del urbanismo de numerosos pueblos alpujarreños. Una vez llegados a la plaza del Barrio Bajo, con su fuente abrevadero, saldremos por la calle bautizada con el nombre de Van Hansen, conocido por quienes fueron sus vecinos como “Juan el Dinamarca”, otro europeo enamorado de la Alpujarra y sus gentes, dedicado en este caso a inmortalizarlas en sus fotografías a lo largo de varias décadas, las cuales hoy se pueden contemplar en un pequeño museo que el pueblo le ha dedicado. Al final de la calle encontraremos el cementerio del pueblo, y al dejarlo atrás desaparecerá de repente casi todo rastro de lugar habitado, sumiéndonos en un rotundo paisaje de cárcavas semidesérticas, con vastas panorámicas hacia las sierras prelitorales de Gádor (provincia de Almería) y la Contraviesa (provincia de Granada), con el Cerrajón de Murtas como punto culminante de ese relieve que nos oculta el cercano mar Mediterráneo tras el elevado horizonte. El carril es bastante transitable, e incluso es recorrido por algunos vehículos de motor. Podremos encontrar cabras monteses que trepan a los peñascos próximos, huyendo de los extraños con mochilas y bastones que se les acercan, tal vez cuando bajaban a abrevar a una fuente cercana al camino. Pronto llegaremos a la mitad de nuestro itinerario, a dos kilómetros del punto de partida, donde encontraremos un lugar de los más especiales e irrepetibles en la Alpujarra: la aldea de Montenegro.

Las farolas que jalonan la “travesía urbana” y las ruinas de algunas de sus casas nos anunciarán que hemos llegado a Montenegro, pero el primer edificio que nos encontraremos justo en el camino será la pequeña ermita de la Virgen de Fátima, frente a la que se abre una “plaza” ovalada rodeada de bancos de mampostería con los nombres de los montenegreros que han costeado la reconstrucción de la ermita y su entorno. Un azulejo en su fachada nos explicará que nos encontramos en el lugar donde se encontraba una propiedad agrícola del morisco (musulmán obligado a convertirse por los nuevos gobernantes cristianos en el siglo XVI) Aben Aboo, llamado “el último rey de la Alpujarra”. Este rebelde opuesto al nuevo poder castellano fue mandado decapitar y sus tierras fueron repobladas con familias de cristianos viejos venidos de otros lugares. Hoy en día, las fiestas patronales de Montenegro, en honor a la Virgen de Fátima, atraen a alpujarreños de muchos kilómetros a la redonda, granadinos y almerienses, y constituyen todo un acontecimiento social, como muchas otras fiestas de esta tierra que, en general, no son privativas de los vecinos de cada pueblo, sino que en ellas son partícipes numerosos habitantes de la Alpujarra entera, que muestran así su peculiar idiosincrasia e identidad común. El actual aspecto del escasísimo caserío de Montenegro, de poblamiento mínimo y disperso, entre huertas, resulta muy evocador, testigo de un pasado histórico que no ha desaparecido de la memoria colectiva por remoto que parezca a los foráneos. Desde aquí el GR-7 continúa en dirección al pueblo de El Golco, que vemos colgado de la ladera, a dos kilómetros de nosotros, y a su derecha el de Mecina Bombarón, capital del municipio de Alpujarra de la Sierra, al que pertenecen todos los núcleos de población que estamos conociendo hasta ahora en esta ruta. Obviamos esa desviación y abandonamos el GR-7, de modo que seguimos atravesando Montenegro y pasamos junto a la peculiar casa que se construyó una pareja de extranjeros con sus propios medios y una desbordante imaginación, que les llevó a diseñar la edificación con materiales ecológicos y llamativas formas y colores, rodeándola de obras de arte como los vaciados de sus propios rostros, una serpiente multicolor y otras sorpresas que reservan a los amigos a quienes invitan a conocer su singular propiedad, todo un refugio en este antiguo “reino morisco” semiabandonado en el corazón geográfico y espiritual de la comarca alpujarreña.

Continuaremos por el carril principal que seguíamos, siguiendo nuestro descenso, pasando entre algunas casas modernas y bajando entre chumberas y algunas curvas cerradas por una fuerte pendiente. El paisaje sigue siendo de cárcavas y formas erosionadas semidesérticas, y pronto observaremos el trazado de una acequia que discurre en paralelo por el margen derecho del camino. Ya tendremos vistas hacia el pequeño núcleo de Yátor, pedanía de Cádiar que es nuestro destino, acurrucada en un repliegue del áspero terreno, sin llegar a esconderse del todo. El carril pasará a estar pavimentado de hormigón y, tras algunas curvas llegaremos al cementerio de Yátor y la ermita de su patrón, San Sebastián, al que se dedican las fiestas locales en torno al 20 de enero. Entraremos a Yátor entre huertas y podremos culminar la ruta junto a su iglesia. Es un templo que sigue el modelo sencillo de planta de cajón con una torre campanario adosada, en ladrillo y mampostería, propio de las iglesias más antiguas conservadas en la Alpujarra, datadas en aquel belicoso siglo XVI de enfrentamientos y tensiones entre los moriscos, andalusíes musulmanes obligados a la conversión forzosa, y los nuevos gobernantes castellanos, cristianos viejos, que pretendían doblegar esta tierra extraña y mágica, que siempre ha sido hospitalaria y acogedora con quien a ella se ha acercado con interés y respeto, pero guerrera y belicosa frente a quien haya pretendido arrancarla de sus raíces. Hemos cerrado así una ruta breve pero intensa en evocaciones a través del corazón de la Alpujarra, de la mano de personajes como Aben Aboo, Gerald Brenan y Van Hansen, alpujarreños de nacimiento o de adopción, pero todos apasionados amantes de esta tierra única.

A la salida del Barrio Bajo de Yegen.

Se inicia el camino hacia Montenegro.

Barrio Bajo de Yegen.

Recuerdos a Gerald Brenan y las personas que se relacionaron con él.

Barrio Bajo de Yegen.

Calle Alpujarra, en Yegen.

Yegen.

Yegen.

Vistas hacia la Contraviesa, al comienzo del descenso.
Al fondo, el pueblo de Jorairátar y el pico del Cerrajón de Murtas.

Descenso hacia Montenegro.

Paisaje de cárcavas, vistas hacia la Alpujarra almeriense.

Cárcavas.

Camino de Montenegro.

Montenegro.

El Golco desde Montenegro. Obviamos esta desviación y seguimos hacia la izquierda.

Seguimos hacia la ermita de Montenegro.

El Golco.

Entrando en Montenegro.

Montenegro.

El Golco y Mecina Bombarón desde Montenegro.

Montenegro.

Montenegro.

Plaza de Montenegro.

Sobre la construcción de la ermita de Montenegro.

Ermita de Fátima en Montenegro.

Ermita de Montenegro.

Montenegro. Al fondo, El Golco.

Montenegro.

En Montenegro.

Bajando de Montenegro hacia Yátor.

Bajada hacia Yátor.

Bajada hacia Yátor.

Yátor, al fondo del valle.

Yátor.

Yátor.

Casa en Montenegro.

Mecina Bombarón.

Saliendo de Montenegro hacia Yátor.

Formas erosivas entre Montenegro y Yátor.

Yátor.

Yátor.

Alejandro y Esther, con Yátor al fondo.

Ana y Pablo, con Yátor al fondo.

Yátor.

Yátor.

Yátor.

Ermita de San Sebastián, en Yátor.

Ermita de San Sebastián, en Yátor.

Entrando a Yátor.

Entrando a Yátor.

Yátor.

Tinao (cobertizo) en Yátor

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